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Diario de un desastre global

Escrito por cienciaenlasnoticias 14-06-2017 en historia. Comentarios (0)

Mi mamá siempre me dice que tengo que aguantar, que tengo que ser fuerte. Desde hace mucho tiempo estamos viviendo rodeados de humo. Ya no veo el color azul del cielo ni las estrellas por la noche, ni siquiera recuerdo qué era eso, pero es lo que siempre he escuchado. Mi mamá me dice que desde el día en que nací esto ha ido a peor, pero no sé por qué, no sé a qué se refiere. Huele raro, todo huele fuerte. Mi papá me dice que es gas, contaminación. Hace calor, mucha. Yo no entiendo nada.

 Siempre he escuchado en casa que hubo gente que intentó impedir desde un principio que esto pasara, aunque no lo suficiente. Pero también que nadie pudo conseguir que ese hombre tomara consciencia y esto no continuara ni fuese a peor. Dicen que podría haber habido más opciones, que más gente tuvo la oportunidad de ponerse en contra y no lo hizo. Pero ya es tarde. Demasiado tarde.

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 Contaminación, esa palabra maldita. Ya no diferencio la luz de la oscuridad. Sólo hay terror en las calles. Gente muere a causa del terrible fallo que cometieron nuestros antepasados hace no tantos años. Por mucho que los científicos hayan investigado e intentado... ya no hay vuelta atrás. Más número de muertes y también de enfermedades desde que todo esto empezó. Un mal paso de un hombre condicionó la muerte de todo el planeta, lo doy por hecho. Y todo por culpa de la avaricia, el dinero; pasar por encima de todo lo demás sólo por dinero. Dejamos de cuidar el medioambiente y esto es lo que pasa. Desde que era pequeño he estado viviendo rodeado de esto. Hace diez años lo que escribí no fue semejante ni parecido a esta realidad. Ojalá pudiese inventar una máquina del tiempo para viajar al pasado, antes de que yo naciese, dar marcha atrás y cambiarlo todo, hacer que el día en el que todo cambió desapareciese. Pero no puedo. Aunque esa idea no sale de mi mente.

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 Han pasado ya más de treinta años desde que escribí esas últimas líneas. Hoy escribo la última página. Echo de menos todo aquello, en el fondo. Ya no hay esperanza, supongo que soy de los pocos que aún siguen con vida, no lo sé, estoy solo. Aunque que siga con vida no es algo bueno, no penséis eso. Estoy sufriendo mucho. Llevo muchos años sufriendo, pero aquí sigo. Vivo. ¡Y decir que hace no tanto tiempo esto no era ni parecido! ¡Dicen que la gente se moría de vejez! ¡Vejez! ¿Qué es la vejez? 

 Ya me quedan pocos días, por eso mismo quedo esto aquí grabado, mis memorias. Todavía no estoy completamente ciego. La contaminación ha podido con todo y con todos, ya no hay esperanza para la humanidad, si siquiera sabremos si para la vida en sí. No tengo ni tan siquiera voz, he perdido mis sentidos. No sé ni con qué finalidad estoy escribiendo esto, pues no sé si llegará a funcionar. Solo espero que con mi último aliento haga tomar consciencia a alguien del pasado, sí. Y diréis... ¿cómo es eso? Pues es relativamente fácil desde mi punto de vista. He logrado inventar una máquina del tiempo que envíe cosas al pasado. Sí, cosas. Tiene el inconveniente de que solo puede transportar objetos sin vida, inanimados. He aquí el porqué por el cual me hallo escribiendo esto, aunque en un principio la finalidad de mi diario no fue esta. 

 Soy de los pocos, por no decir el único, que han llegado a sobrevivir a las diversas enfermedades que se han propagado a lo largo de estos años por el mundo. Todas ellas debidas a la contaminación, a la destrucción de la capa de Ozono, al calentamiento global... He de decir que no soy el más afortunado por haber sobrevivido. Espero que, si esto llega algún día a manos de alguien que aún viva en un planeta Tierra en el que sea posible la vida, sea consciente del gran cambio que puede producirse tanto en su futuro, como en el de sus descendientes, como en el del resto de la humanidad y de la vida en general de nuestro planeta. Desde el día en el cual un político decidió romper un pacto para proteger el medioambiente, nada ha vuelto a ser igual.

 Mis más cordiales saludos, el último hombre de la Tierra que aún mantiene su esperanza.


Carmen Calvo

Mi viaje por el digestivo

Escrito por cienciaenlasnoticias 12-06-2017 en historia. Comentarios (0)

¡Hola! Empezaré por decir que antes de ocurrirme esta experiencia me encontraba en el supermercado, en un recipiente junto a mis compañeras. También he de decir que era (porque no se en que me he convertido) algo muy dulce, sí, una gominola. Concretamente una gominola de color rojo y verde, me llaman fresita. Nací en "Fini", Murcia, y me hicieron con glúcidos, grasas y desperdicios de animales.

Fue hace unos días, como dije antes, estaba allí cuando de repente nos transportaron a un sitio desconocido. Rato después la bolsa se abrió y fue entonces cuando supe que había llegado el momento, ¡emprendería el viaje de mi vida! Estaba nerviosa, tenía ganas de que llegara este día, pero ahora mismo no sabía que iba a pasarme. Mientras estaba sumergida en mis pensamientos, algo me agarró sacándome de ellos repentinamente. ¡Y se disponía a meterme en una especie de agujero negro! En ese instante el miedo empezó a apoderarse de mi, ¿dónde iba a meterme? ¿cómo acabaría aquello? Un montón de preguntas se apoderaban de mi.

Entonces entré allí, nada más entrar sentí cómo me empapaba un líquido y una estructuras completamente blancas comenzaron a machacarme, aplastándome, partiéndome sin piedad. ¡Estaba deshaciéndome, algunos de mis glúcidos se desprendían de mi! (Formación del bolo alimenticio en la boca).

Después ya no era yo, me convertí en una masa semilíquida de un color extraño ¿dónde estaban mi rosa y mi verde vivos? Seguí pasando por un tubo estrecho, rozándome con las paredes llenas de moco y que de vez en cuando presionaban hasta hacer que me partiese y luego me volviese a unir; se abrió una especie de puertecita circular que me abrió paso a la continuación de éste mientras me evitaba el paso a otro tubo. Seguí cayendo hasta llegar a una especie de bolsa en la que ciertas de mis partes se almacenaron en un lugar de ella, mientras en otro lugar de la misma, me fui mezclando con otro liquído y continuaba deshaciéndome. ¡Estaba muy ácido! Además, más de mis glúcidos seguían desprendiéndose, no sé en qué me estaba convirtiendo. (Paso del bolo alimenticio hasta el estómago pasando por la faringe y el esófago, que junto a los jugos gástricos y el HCl del estómago, forman el quimo).

A continuación, pasé a otro tubo muy largo donde dí muchísimas vueltas, ¡acabé mareada! En el paso por este tubo se añadieron más líquidos a la mezcla de la que ya formaba parte, primero unos procedentes de unas criptas profundas que había en las paredes y después, al llegar a una zona, de un pequeño orificio comenzaron a salir líquidos de colores desagradables que dicen que provenían del hígado, junto a otros blanquecinos y después nos compactaron hasta formar una masa, ya apenas me reconocía; de cuando en cuando, parte de mí, mis grasas, se desprendían en gotitas rodeadas de verde caqui que se retiraban y atravesaban las paredes, igual que parte del líquido blanco se iba colando por unos pelitos muy finos que nos obligaban a estar continuamente frotándonos con las paredes y a medida que fuimos avanzando nos quedábamos cada vez más sólidos. Luego encaramos una cuesta abajo que terminó en un lugar más amplio, pero desagradable, donde la mezcla fue compactándose hasta formar una masa sólida de color marrón. Tras formar parte de esta masa, vi por fin la luz, caímos a unas aguas sin saber donde estábamos. Escuche que aquella masa olía muy mal, y que se debía a la actuación de unas bacterias, llamadas simbiontes,¡qué bien debieron actuar éstas en mi viaje! Por otra lado, otras partes de mi pasaron a un líquido rojo el cual las transportó a unas estructuras donde fueron usadas como energía. (Paso del quimo al intestino, se añaden el jugo pancreático y la bilis formando el quilo. Este, a medida que avanza por el intestino va compactandose hasta formar heces fecales que son explusadas. Por otro lado, las sustancias que no se desechan, son transportadas a las células a través de la sangre y usadas por éstas, realizándose el fin de la disgestión).

Laura Calderón.