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Paseo sideral.

¡Hola holita!

 Soy Susi y, aunque mi madre dice que soy un cometa grande, yo creo que no soy tan mayor, solo tengo 21 años. ¿Sabéis lo que es un cometa? Pues un cometa es un cuerpo celeste formado por hielo, polvo y rocas, que viaja alrededor del Sol. Además, tenemos una especie de cola, hecha de gas y polvo, que nos sale cuando nos da el viento solar. Ser un cometa mola porque viajando conoces muchas cosas nuevas. Uno de mis antepasados, mi tatarabuelo creo, al pasar por la Tierra dejó restos de su cola, y dicen que esto originó la vida humana. Así que, humanos, puede que seamos primos.

Voy a contaros la historia de la primera vez que pasé cerca de la Tierra. Estad atentos, ¿eh?

 Tenía 14 años, y pasaría por la Tierra el día que cumpliera los 15. Mi madre, antes de emprender mi viaje, me contó que algunos pedazos de mi se caerían a la Tierra, y que los humanos esperaban ansiosos que llegaran porque cuando pasan la atmósfera terrestre se desintegran y ellos, los humanos, lo ven como cosas brillantes que caen del cielo pero desaparecen. Les llaman estrellas fugaces. ¿Alguna vez habéis visto una? Mi madre siempre dice que son muy bonitas y que dan suerte, así que, ya sabes, si ves una pide un deseo.

 Bueno, que me voy del tema. Salí de viaje la noche de Kryps, que es la fiesta de mi pueblo, el cinturón de Kuiper. Yo no quería irme. Ese día me habían coronado reina del baile y encima Miki, el chico que me gusta, también había sido coronado rey y me confesó que le gustaba. Jo, ¡qué ganas de verle! Bueno, después de despedirme de todos, él se fue describiendo su órbita y yo la mía.

 El viaje fue muy pesado y, de vez en cuando, veía a alguna amiga mía entretenida siguiendo su órbita o mirando a la nada. Incuso un día vi un accidente de dos cometas que se chocaron y se apagaron para siempre y ahora son simples asteroides. Una vez casi me choco yo con uno, ¡menos mal que solo me hice una rozadura! Según pasaban los días, mis nervios aumentaban más y más porque ¿Qué se sentiría? ¿Y si dolía? La verdad es que tenía mucho miedo.

 No tardé mucho en pasar cerca de la Tierra. Fue una sensación rara, pero no me dolió mucho. Trocitos de mí se partían y se iban hacia la Tierra como me había contado mi madre, eran como mis hijitos, unos más grandes, otros más pequeños... Lloré un poco, porque sentía como pinchazos. Poco a poco fueron cayendo y se veía como pasaban la atmósfera y se convertían en bolas de fuego. Tardaban poco en desaparecer y me daba pena, pero no podía hacer nada para evitarlo. Me gustó verlo todo, la Tierra es bonita, azul y verde, aunque también un poco blanca. Fue una experiencia muy bonita que dentro de 9 años volverá a pasar.

  Ahora voy camino a casa, aunque todavía me quedan 4 años para llegar. Estos viajes son duros y muy largos y a veces me aburro mucho, pero merecen la pena. ¡Qué ganas de llegar a casa! Quiero ver ya a mi madre y a mi familia, pero sobre todo a mi abuela porque está malita y se está apagando. A Miki tardaré más en verle porque su órbita es mayor, pero también tengo ganas de darle un achuchón.

 Bueno amigos, espero que os haya gustado mi historia y que cuando veáis estrellas fugaces os acordéis de mi. ¿Quién sabe? A lo mejor son parte de mí.


Paula Sanabria Betrián.


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